13 dic. 2009

Propiocepción y baloncesto

Por Javier Fdez.-Río

La palabra “Propiocepción” significa en latín: “conocimiento de sí mismo“; así que se podría definir como “la percepción total que tenemos de nuestro cuerpo en reposo o en movimiento“. Esta percepción del cuerpo nace de la excitación de los múltiples receptores localizados en muchas zonas de nuestro cuerpo como la piel, las cápsulas articulares, los músculos, los tendones o el oído interno; la información obtenida por éstos es llevada a través de los diferentes nervios sensitivos para ser, finalmente, interpretada por los centros nerviosos superiores (bien a nivel del cerebro o bien a nivel de la medula espinal).

Estos distintos receptores pueden ser estimulados por varios tipos de deformaciones mecánicas (presión, estiramiento, elevación, giro, tensión…), las cuales permiten a la persona conocer con mayor o menor precisión la posición relativa de unas partes de su cuerpo en relación a otras y/o de la posición global del cuerpo en el espacio. A esta cadena de tratamiento de la información interna del cuerpo también se le puede llamar retroalimentación intrínseca o cinestésica. Este mecanismo cinestésico es absolutamente fundamental para que todos los movimientos sean coordinados, tanto a nivel voluntario como, lo que es más importante, a nivel involuntario. Pero, ¿por qué puede ser interesante la propiocepción y su trabajo en el baloncesto? Pues…, por varias razones:

• porque se trata de un deporte donde la mayoría de las acciones y de los movimientos de los jugadores son realizados a velocidad alta.

• porque se trata de un deporte sociomotriz en el que las acciones y de los movimientos de los jugadores deben adaptarse constantemente a los de sus compañeros y a los de los adversarios.

• porque las personas que practican este deporte suelen tener que “manejar” grandes dimensiones (brazos y piernas largas).

Por estas razones parece muy importante trabajar esta cualidad en todas las edades, pero especialmente en las etapas de formación de jugadores. Sólo a través de un trabajo constante y planificado podremos hacer que nuestros jugadores y nuestras jugadoras desarrollen sus mecanismos de propiocepción y se conviertan en mejores jugadores y jugadoras de baloncesto.

Una vez dicho todo esto surge inmediatamente una pregunta: ¿cómo se trabaja la propiocepción? Y la respuesta es sencilla: fundamentalmente a través de ejercicios de coordinación, de equilibrio, de cambio de superficies, de toma constante de decisiones…. en los que el jugador o la jugadora de baloncesto tenga que trabajar en situaciones de desequilibrio.
Todos estos ejercicios se pueden llevar a cabo de una manera muy simple con un balón de baloncesto o se pueden ir complicando y enriqueciendo si usamos otros materiales tradicionales como cuerdas, aros, bancos suecos, picas, balones de diferentes texturas, formas y pesos, plataformas……; de lo que se trata es de usar la imaginación para diseñar actividades variadas, motivantes y que desafíen la “propiocepción” de nuestros jugadores y jugadoras.
Ahora bien, los departamentos de ingeniería de las diferentes firmas fabricantes de materiales de entrenamiento se han puesto a trabajar para diseñar materiales específicos para desarrollar capacidades como la propiocepción. Así, en los últimos años hemos visto la aparición de materiales, algunos simples y otros complejos, como los que os describimos a continuación:

• Tablas de equilibrio (balanceboard): se trata de una o dos simples tablas de madera (una para cada pie) a las que, en su parte inferior, se puede añadir otro trozo de madera de diferentes formas y/o grosores para cambiar el tipo de desequilibrio que se provoca sobre la persona que se sitúa encima de ellas.

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• Bosu: acrónimo de las palabras inglesas “both sides up“; se trata de una semiesfera de goma que se puede hinchar para que adquiera una mayor o una menor dureza sobre la que se sitúa la persona; se puede usar con la semiesfera por arriba, lo que hace al aparato más estable o con la semiesfera por abajo para que sea más inestable.

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• T-Bow o arco multifuncional: se trata de un trozo de madera o plástico duro que está curvado para formar una “u” abierta sobre la que se sitúa la persona; se puede utilizar con la curva hacia arriba, lo que hace al aparato más inestable o con la curva hacia abajo para que sea más estable.

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Para la realización de los diferentes ejercicios, a estos 3 materiales “específicos” descritos se les puede añadir cualquiera de los materiales “tradicionales” que hemos mencionado con anterioridad (picas, aros, conos, pesas…..); es cuestión de “usar la imaginación” y crear variantes de ejercicios para trabajar de múltiples maneras la propiocepción.

Para terminar me gustaría aclarar que el trabajo de propiocepción sirve para desarrollar en nuestros jugadores y nuestras jugadoras esta capacidad tan importante para el baloncesto, pero también sirve para prevenir posibles lesiones a nivel de tobillos y de rodillas, o si éstas ya se han producido, recuperar las partes corporales dañadas

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